FÚTBOL FEMENINO EN SUDAMÉRICA

Futbolistas uruguayas por la igualdad: “Necesitamos más consciencia sobre nuestros derechos”

21 de noviembre de 2019 - 23:03 hs  |  Luty Gargini

Rosina Peña tiene 31 años, es uruguaya y es integrante y vocera de la Organización de Futbolistas Uruguayas (OFU), un sindicato en formación desde el 2018 que, desde entonces, está peleando por su personería jurídica y conquistando mejoras para la disciplina. Charlamos con ella sobre la realidad que viven con sus compañeras en el país oriental y qué esperan de cara al futuro.
“A mí me hubiese gustado arrancar desde muy chica a jugar al fútbol y haber practicado todos estos años el deporte en mejores condiciones”. Rosina Peña tiene 31 años y es uruguaya. Comenzó a jugar a los 18 en Florida, departamento donde nació, hasta que en 2007 se mudó a Montevideo para estudiar Licenciatura en Trabajo Social, donde continuó jugando al fútbol hasta marzo de este año. 

“La verdad, me queda grande decirle carrera al fútbol, pero no por la dedicación que le dejamos, sino por cómo nos reconocen a nosotras como jugadoras”, remarca cuando habla de su historia. En Uruguay, el fútbol femenino todavía no es profesional.

Obligada a buscar su sustento por fuera de la cancha, Peña estudió. Se recibió en la Universidad en 2015, pasó por el Programa de Discapacidad del Ministerio de Desarrollo Social y actualmente trabaja en la Secretaría de Cuidados como Supervisora del campo de Valoraciones de Dependencia.
Durante todo su trayecto estudiantil y laboral, la pelota la acompañó. Sin embargo, la continuidad en la práctica del fútbol en estos últimos meses se le hizo difícil.

"Este año empezamos con la Organización de Futbolistas como sindicato, y me comprometí bastante con eso. Además de mi trabajo y de mi estudio no podía con todo, estaba faltando a los entrenamientos, no estaba pudiendo hacerlo adecuadamente. Así que este año me di de baja como futbolista activa", cuenta.

Según Rosina, al igual que sucede en nuestro país, para sus colegas implica un tremendo sacrificio entrenar y dedicarse al fútbol. Se vuelve algo más que un simple deporte: "Requiere de mucha voluntad y militancia ser jugadora de fútbol en Uruguay, porque no tenés retribuciones de ningún tipo. Si, por ejemplo, te pasa algo jugando, te lesionás o te operaste, te quedás sola. No hay ningún tipo de respaldo. Para el club sos simplemente alguien que usa su camiseta, pero nada más que eso".



Foto: Encuentro fundacional de la Organización de Futbolistas Uruguayas (2018)

Para analizar las problemáticas que vive el fútbol femenino en su país, Rosina y sus compañeras de la OFU decidieron adoptar una clara perspectiva de género. “Es una discriminación de hecho que nosotras no percibamos un sueldo por jugar al fútbol y que los varones sí. O que por el hecho de ser mujeres el club no brinde las condiciones necesarias para practicar el deporte de manera adecuada. Todo eso es discriminación y así lo sentimos”, enfatiza.

En la época en la que Peña comenzó a jugar era todo aún más complicado que en la actualidad. Apenas contaban con un DT que ejercía el rol de manera voluntaria y las únicas camisetas con las que contaban eran las que la utilería descartaba del equipo masculino. Además, cuando les tocaba jugar de locales, eran las propias futbolistas quienes debían pagar el alquiler de la cancha.

“Como jugadora he vivenciado varias situaciones de discriminación de género, por ejemplo con los árbitros. Ya en la actitud es sumamente notorio el desgano, los chistes que se hacen entre ellos, cómo se ríen. A nosotras nos arbitran estudiantes que están en primer año del curso y se lo toman así, se sienten superiores a nosotras. Otro problema que tenemos es que el número de mujeres presentes en los cuerpos técnicos sigue siendo muy minoritario”. En Uruguay, además, para entrenar un equipo de fútbol femenino no es necesario contar con la licencia PRO que les exigen a los entrenadores del masculino. El único requisito es poseer lo que en ese país se conocen como licencias B o C. Y lo mismo sucede con los preparadores físicos, que no siempre son personas con título habilitante o formadas en la materia.

Según Rosina, la Asociación Uruguaya de Fútbol y el mundo futbolístico en general, son ámbitos muy machistas. Y si bien los últimos años se han experimentado algunos cambios positivos, considera que la motivación no ha sido una consciencia real sobre la necesidad de reconocerle sus derechos a las jugadoras, sino que fueron las nuevas disposiciones de CONMEBOL, las que han forzado a los clubes a incluir a las mujeres.

La normativa que hace unos años obliga a los clubes de Sudamérica a contar con equipos femeninos como condición necesaria para poder participar de los torneos masculinos de la Confederación, ayudó a que en Uruguay se multiplique la cantidad de equipos. “En 2017 había 15 equipos femeninos, en 2018 fueron 20 y en 2019 tuvimos ya 26 cuadros compitiendo, y solo en Primera. En juveniles también el crecimiento fue parecido. Tenemos un gran número de equipos a nivel de Sub-19 y el Sub-16 viene marchando muy bien también”, explica la defensora.


Foto: Nacional vs. Liverpool por el Torneo de Primera División de Uruguay.

En este marco de crecimiento, la profesionalización debería ser el paso siguiente para la disciplina en el país vecino. Sobre este tema, desde la Organización de Futbolistas Uruguayas consideran que debe ser un proceso paulatino que no sólo persiga el cobro de un sueldo, sino también contar con los recursos necesarios para poder practicar el deporte en las mejores condiciones.

“Hay muchas preocupaciones. Una de las más importantes es el tema de la seguridad y atención de la salud. Acá a los cuadros femeninos les exigen personal médico, pero no es condición que ese personal vaya a los partidos, eso es una mentira. La mayoría hacen que el profesional les firme los papeles para presentar que cumplen con esa reglamentación y después no aparecen ni en los entrenamientos ni en los partidos".

Además de la cuestión médica, las jugadoras uruguayas vienen reclamando por otros temas tan básicos como contar con vestuarios adecuados para cambiarse y ducharse, baños dignos (la mayoría, por ejemplo, apenas tienen puertas) e indumentaria adecuada tanto para los partidos como para las prácticas. Otro de sus reclamos principales, tal como sucede en Argentina, es para poder utilizar los estadios principales de sus clubes.

“Vamos con este discurso de las condiciones más allá de un sueldo porque, muchas veces, los que tienen el poder nos quieren arreglar con un parche: ‘Tomá, ahí tenés un sueldo, así se dejan de joder’. No, nosotras vamos a pelear también por las condiciones”, dicen. Y para cumplir ese objetivo, desde OFU consideran importante trabajar para generar mucha más consciencia sobre los derechos que se tienen como jugadora: “Hoy muchas chicas lo único que quieren es jugar, más aquellas a las que les va bien y no quieren perder la oportunidad de mostrarse y seguir creciendo. Es difícil manejar eso y creo que tenemos que lograr una consciencia más colectiva sobre lo que nos corresponde”.

La construcción que lleva adelante la Organización de Futbolistas Uruguayas se ha visto apuntalada también por la modificación del estatuto de la Asociación Uruguaya de Fútbol. Mediante esta reforma, la institución madre decidió darle voz y voto a los y las futbolistas en muchas de las decisiones institucionales y, para concretar dicha reforma, debió conformarse la Asociación de Futbolistas del Uruguay, un espacio que busca representar a todos los actores del mundo de la pelota y que está compuesto por referentes del fútbol del interior, del fútbol sala, del fútbol masculino profesional y del fútbol femenino. Peña participa activamente también de este espacio, como vocera.

Pero el avance más importante que consiguieron las jugadoras a nivel institucional es haber logrado incluir una representante dentro de la Comisión de Fútbol Femenino de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF, el equivalente a la AFA argentina). Este organismo, que también tiene una presidenta, dos integrantes del interior y dos de la AUF cuenta con una mesa dedicada al armado del campeonato, el contacto con los clubes y el correcto cumplimiento de la competencia en cuanto a seguridad, lugares asignados, etc.

¿Por qué es tan importante que las futbolistas hayan logrado una voz dentro de ese espacio? “Nuestro objetivo cuando pedimos ser parte de la AUF era que se estuviese más al tanto de las posturas, sentires y pensares que tienen las futbolistas respecto a los temas que les competen y, además, aportar en lo que se esté discutiendo, desde el punto de vista de las jugadoras”, explica Peña.

Foto: Federica Silvera (CASLA), una de las uruguayas de la Primera A de Argentina.

La realidad de las futbolistas que deciden involucrarse y organizarse para cambiar su realidad, como lo hacen Rosina y sus compañeras, no es muy distinta a lo que viven las jugadoras que ponen el cuerpo en nuestro país y en el resto de Sudamérica. "La experiencia acá, con OFU, nos muestra que es realmente muy difícil organizarse y contagiar a las otras. A veces estamos agotadísimas, todas trabajamos -algunas doble jornada-, estudiamos, muchas siguen jugando al fútbol y además la vida misma. Por eso creo que lo que sucedió en Argentina con la profesionalización y durante la Copa del Mundo nos levantó el ánimo a todas para seguir peleando y luchándola”.

En nuestro país hay varios clubes que cuentan en su plantel con jugadoras uruguayas. El éxodo de futbolistas charrúas que parten hacia el exterior en busca de mejores condiciones para jugar se volvió una realidad en los últimos tiempos. Se trata de una situación que a Rosina le genera sensaciones encontradas: “Nos sentimos muy felices por ellas, pero la felicidad viene dada por el hecho de que sin duda se van a encontrar con otra realidad, con más herramientas para desarrollarse. A mí me encantaría llegar a un punto en el que las jugadoras no prefieran irse, que no sea un objetivo sino una opción. Hoy en día no lo es”.

Con ese fin en el horizonte nació la Organización de Futbolistas de Uruguay. Para que la brecha de desigualdad se achique lo más posible y para que las más chicas que hoy en día le dedican todo ese trabajo, tiempo, amor, conducta, responsabilidad y respeto al fútbol, sean recompensadas por ello. “Es mi mayor sueño. Siento que yo ya estoy grande como para llegar a disfrutar de todo eso, pero en OFU tenemos las pilas puestas y pasamos todo el tiempo pensando en cómo mejorar las cosas, siempre en pos de las nuevas generaciones que vienen. El deseo es que OFU crezca, que logremos la personería jurídica como sindicato y que estemos siempre unidas para ayudar a cada compañera que lo necesite actuando colectivamente”.

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