La campeona nacional de patinaje sobre hielo visitó en enero a su madre en la ciudad donde se originó el COVID-19. Tras el aislamiento en China fue evacuada en un vuelo del gobierno ucraniano. En Kiev realizó la cuarentena junto a la ministra de salud en un hospital militar y hasta conoció al presidente. Tras pasar por Madrid, logró regresar a su hogar en Buenos Aires. Una historia de película.">

LA HISTORIA DE MARÍA ANDREA AN

De Wuhan a Buenos Aires, la patinadora argentina que lleva cuatro cuarentenas huyendo del coronavirus

23 de marzo de 2020 - 18:16 hs  |  Por Jorge O. Blanco

La campeona nacional de patinaje sobre hielo visitó en enero a su madre en la ciudad donde se originó el COVID-19. Tras el aislamiento en China fue evacuada en un vuelo del gobierno ucraniano. En Kiev realizó la cuarentena junto a la ministra de salud en un hospital militar y hasta conoció al presidente. Tras pasar por Madrid, logró regresar a su hogar en Buenos Aires. Una historia de película.
María y Germán, en el balcón del departamento de su madre en Wuhan.

María y Germán, en el balcón del departamento de su madre en Wuhan.

"Vamos por la cuarta cuarentena consecutiva desde que todo empezó allá, en Wuhan. Pasamos los últimos sesenta días de nuestra vida encerrados y catorce de ellos -incluso- estuvimos recluidos en un hospital militar en Ucrania. Por momentos fue muy difícil y, al día de hoy, es desgastante. Pero aún así nuestro consejo sigue siendo el mismo: respeten lo que dicen las autoridades, quédense en sus casas. El aislamiento es la clave para frenar el coronavirus".

A pesar del cansancio por un encierro que ya lleva dos meses, las voces de María Andrea An, actual campeona nacional de patinaje sobre hielo, y su novio Germán Parzon se hacen escuchar con firmeza. "Hay que quedarse en casa", repiten una y otra vez con una convicción sustentada en la experiencia de haber podido escapar de Wuhan, la ciudad china que vio nacer al coronavirus, y haber cruzado Europa, epicentro de la pandemia, hasta regresar a la tranquilidad del hogar en Buenos Aires.

"Nuestros amigos nos dicen que van a filmar nuestra película o que tenemos que escribir un libro", reconoce María Andrea, quien en agosto se coronó en el Campeonato Nacional de patinaje sobre hielo realizado en el Luna Park. Es que lo que comenzó como una simple vacación para visitar familiares terminó convirtiéndose en un viaje increíble para escapar de una epidemia, que incluyó manifestaciones políticas y tratativas diplomáticas a lo largo de casi veinte mil kilómetros para regresar al hogar.


Germán y María, en el balcón del departamento de Wuhan, China.

 
-DE BUENOS AIRES A WUHAN, EL INICIO DE LA ODISEA

"Fui a Wuhan para visitar a mi mamá. Yo nací en Argentina pero ella y mi papá, al igual que mis antepasados, son todos de allá. Junto con Germán, salimos el 18 de enero y llegamos el 20 a Shanghai, donde hicimos noche para luego tomar el tren hasta Wuhan", comienza el relato María Andrea.

"Llegamos el martes 21, en el preciso momento en que la ciudad comenzó a modificar su rutina. Recién empezaba todo. Al día siguiente comunicaron el corte del servicio de transporte y el cierre de los comercios que no vendieran productos de primera necesidad. El jueves 23 la ciudad fue aislada y comenzaron las restricciones para salir a la calle", continúa Parzon, quien trabaja como técnico electrónico. "Apenas llegamos fuimos al departamento de la madre de María Andrea, que forma parte de un complejo de viviendas. No podíamos salir. Las disposiciones gubernamentales, de hecho, sólo permitían que una persona por departamento fuera a realizar las compras. Quien tuviera dicha responsabilidad debía frenar en la garita de seguridad de la entrada, mostrar documento y firmar una planilla al salir. En ambos momentos, también, te tomaban la temperatura. Todo quedaba registrado".

Según María y Germán, los controles para circular en Wuhan era restrictivos al máximo
 
Para ese entonces Wuhan ya estaba completamente aislada, al igual que otras ciudades de la provincia de Hubei. Las salidas para ir a abastecerse se redujeron a sólo una por departamento cada tres días y se prohibió la circulación de vehículos. Sólo podían andar por la calle autos o motos por alguna urgencia y previa autorización gestionada ante las autoridades. En este punto, tanto María Andrea como Germán observan una diferencia con lo que sucede en Argentina, donde se vió gente yendo a destinos turísticos o rompiendo el aislamiento obligatorio. "Si bien la dimensión del coronavirus es inédita, China ya protagonizó una situación similar en menor escala con el SARS en 2003, por lo que los ciudadanos son muy cuidadosos y la presencia gubernamental también ayuda a que las recomendaciones sean acatadas", coinciden.

Con el correr de los días el encierro comenzó a jugar su rol y las cifras de infectados y fallecidos se dispararon. Había que abandonar Wuhan lo antes posible. Pero... ¿Cómo? La embajada argentina en China siempre estuvo en contacto, pero sin poder brindar soluciones concretas. La opción de salir en auto fue descartada casi de inmediato: había que gestionar un permiso especial difícil de conseguir. Además, en el hipotético caso de poder abandonar la ciudad, las autoridades de Wuhan no aseguraban el poder circular libremente por las rutas chinas o que las localidades vecinas autorizaran el ingreso. Descartada la vía terrestre, sólo quedaba la esperanza de que la embajada argentina lograra articular un vuelo de evacuación. Tras algunos intentos fallidos, asomó la esperanza.

 
 El video de la comunidad argentina en China que se publicó antes de conseguir vuelo a Kiev.
 
"En medio del aislamiento hicimos un video con varios miembros de la comunidad argentina en China que se viralizó bastante y al día siguiente nos llamaron para avisarnos que había dos vuelos, uno vía Brasil y otro vía Ucrania, en los que podíamos llegar a ser incluidos".   


-DE UNA WUHAN FANTASMA RUMBO A KIEV, CON ESCALA EN KAZAJISTÁN

La posibilidad de Brasil, que era la que mayor ilusión generaba por la cercanía con Argentina, se cayó rápidamente por falta de lugar, algo lamentado no sólo por la atleta argentina y su pareja sino también por muchos otros latinoamericanos que esperaban ser evacuados. Pero con la misma manera que se frustró la opción brasilera se concretó la conexión ucraniana.

"Fueron momentos de mucho nerviosismo. La embajada de Ucrania organizó alrededor de diez combis para ir recogiendo a los evacuados en paradas en toda la ciudad. Fuimos caminando el puñado de cuadras hasta el punto que nos designaron -siempre con barbijo- y al arribar la camioneta nos avisaron que nos iban a tomar la temperatura y que si teníamos más de 37°2, no íbamos a poder subir. Lo mismo sucedería si teníamos alguno de los síntomas característicos del coronavirus", rememora María Andrea.

Germán y María, en las combis de la Embajada de Ucrania para ir al aeropuerto de Wuhan.


Tras cruzar una ciudad vacía, casi fantasma, las combis llegaron a un aeropuerto con un escenario igual de desolador. "Nos sorprendió ver todo vacío, no había nadie. Apenas llegamos nos escanearon y tomaron nuevamente la temperatura. Ya en migraciones, se repitieron los controles y nos hicieron pasar por una especie de cámara térmica. Además, un médico nos hizo consultas de todo tipo: con quién estuvimos, en qué dirección nos hospedamos, si teníamos sintomas o dolor, si habíamos tomado alguna medicación. Todo eso lo tuvimos que firmar en una declaración jurada que quedó en Wuhan. Después de eso, tras otra tanda de controles, pudimos subir al avión", enumera al detalle Germán.

"El vuelo era exclusivo para evacuar ciudadanos ucranianos pero se había sumado gente de diferentes nacionalidades. El avión era un típico modelo de cabotaje con dos filas de tres asientos y pasillo en el medio. Estaba preparado sanitariamente para dividir la primera clase donde se ubicaba la tripulación y los médicos, de la clase económica donde nos encontrábamos nosotros. Ambas zonas estaban divididas con un doble nylon con un espacio en el medio donde se cambiaban totalmente de ropa cada vez que venían a tomarnos la temperatura y realizarnos controles", explica Germán, al tiempo que Andrea agrega: "Nos dieron un manojo de barbijos, alcohol en gel para las manos y una botella de dos litros de agua por pasajero. Nuestro sector venía bastante lleno, sólo quedaron vacíos los asientos de los que antes de subir tuvieron temperatura o mostraron síntomas, que fueron poquitos".

Tripulación y médicos ucranianos en el vuelo de evacuación. (Foto: Facebook Olek Makhov) 

Las horas de vuelo pasaron entre los nervios, controles de temperatura, cambios de barbijos cada tres horas y algún que otro estornudo al que todos miraban con desconfianza. Hubo una parada en Kazajistán para bajar a un evacuado de aquel país y para cargar nafta. Así, en la mañana del jueves 20 de febrero, la aeronave arribó a Kiev.

 
-DE UNOS POCOS PIEDRAZOS EN KIEV A CIENTOS DE REGALOS EN UN HOSPITAL MILITAR, CON VISITA PRESIDENCIAL INCLUÍDA

Aún arriba del avión pero ya en la pista del Aeropuerto Internacional de Boryspil, los pasaportes de la pareja argentina fueron sellados y, luego de un nuevo control médico y otra declaración jurada, pudieron descender del avión. "La escalera tenía una alfombra plástica a la que rociaban con desinfectantes para que nos limpiemos los pies. Luego, en la misma pista, abordamos unas combis que también tenían un nylon para separar al chofer de nosotros".

La llegada al aeropuerto de Kiev y las manifestaciones sucedidas rumbo al hospital militar.


El destino siguiente era el centro médico de la guardia nacional ucraniana ubicado en Novye Sanzhari, a 350 kilómetros de la capital, para realizar la cuarentena obligatoria. Pero el destino tenía guardado una nueva sorpresa en este viaje. En dicho trayecto, varias veces las combis fueron bloqueadas por manifestantes que se oponían a recibir a los evacuados de Wuhan por miedo a que el coronavirus ingresara a Ucrania. Incluso una de las camionetas recibió un piedrazo sin registrar daños mayores que un ventanal roto. "Nos costó entender qué estaba pasando. Después nos comentaron que en Ucrania hay una interna política muy fuerte. Lo cierto es que el pueblo ucraniano se portó de diez con nosotros, eso es lo que hay que resaltar", avisa velozmente Germán.

Aún mayor hincapié decide hacer María Andrea: "Los nervios por aquellos hechos quedaron archivados por lo bien que nos trató la gente del hospital militar y todo el pueblo ucraniano. Nos mandaban regalos, donaban libros, llegaban cartas por correo dándonos ánimo. Nos quedamos con una bandera argentina que decía 'Bienvenidos a Ucrania'. Incluso una empresa de la zona nos regaló chocolates y galletitas".
 
Así recibían los evacuados la comida en el hospital militar de Novye Sanzhar.


Pero la sorpresa no terminó ahí. Ante el agitado arribo del contingente y la avanzada que se registraba desde China por el coronavirus, para llevar tranquilidad al pueblo la propia ministra de salud ucraniana Zoryan Skaletska decidió realizar la cuarentena junto a todos los evacuados, los tripulantes del vuelo y los conductores de las combis. Todos ellos compartieron los catorce días de aislamiento en Novye Sanzhari.

"Fueron días difíciles. Si bien en el centro médico estaban todas las personas que participaron de la evacuación, cada uno estaba en su habitación, que era bastante pequeña y sólo tenía un balcón francés. Casi no teníamos interacción. Salíamos sólo para buscar la comida que venía envuelta en bolsas plásticas y siempre con barbijos puestos. Nos dejaron una caja repleta porque había que cambiarlos cada tres horas. Y antes de cada desayuno y cena pasaban a tomarnos la temperatura", rememora la campeona nacional de patinaje, quien además estudia en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), da clases de su deporte y trabaja traduciendo textos informativos para una agencia chino-española. "Durante la estadía en el hospital ucraniano aproveché para trabajar con la compu, pasábamos el rato con el celu, intentaba hacer una rutina de ejercicios a pesar del espacio reducido", continúa.

Lo cierto es que en esas dos semanas a la pareja argentina le realizaron dos estudios para descartar que hubieran contraído COVID-19 y ambos dieron negativo. Por lo que una vez que se completó la cuarentena, en un acto que contó con la presencia del Presidente de Ucrania Volodomir Zelenski, la ministra de salud les entregó el acta oficial con el alta médica y comenzó el operativo para seguir camino rumbo a casa.

La ministra de salud de Ucrania, realizando la cuarentena . (Fotos: Facebook Olek Makhov)


"Nos sentíamos embajadores. Después de recibir el alta, la embajada argentina en Ucrania armó un operativo de seguridad para trasladarnos a Kiev, hacer noche en un hotel en habitaciones debidamente aisladas y poder partir a Madrid la madrugada siguiente", recuerdan. Era jueves 5 de marzo y el regreso a casa parecía estar un poco más cerca.


 
-DE KIEV A BUENOS AIRES, CON ESCALA EN MADRID

La última noche en el hotel de Kiev, María Andrea y Germán cenaron con la embajadora argentina en Ucrania, Elena Mikusinski, quien ya los había visitado en el hospital militar. Allí les comentó el operativo que estaba diagramado con la embajada argentina en España. "Al ya tener nosotros el alta y como Ucrania aún no registraba casos, la partida en avión fue más normal. Apenas llegamos al Aeropuerto de Barajas nos estaban esperando la cónsul y el cónsul adjunto, quienes habían articulado todo con Aerolíneas Argentinas. Se encargaron de despachar nuestras valijas y acondicionaron una sala vip para que podamos esperar. Todo estuvo re bien coordinado", afirma María Andrea.

María y Germán, en el aeropuerto, aguardando por regresar.

Tras algunas horas llegó el sábado 7 de marzo, el ansiado momento de volver a pisar suelo argentino. "Llegamos a Ezeiza como un vuelo más, porque las autoridades recién se estaban acomodando a esta avanzada del Coronavirus. Hicimos la declaración jurada y nos estaba esperando el padre de María con el auto para llevarnos a casa. Allí arrancamos la cuarentena de catorce días que terminó el sábado pasado y que empalmó con el aislamiento obligatorio anunciado por el presidente. Por lo que llevamos más de 60 días y cuatro cuarentenas consecutivas", concluye Germán.

Toma la posta María Andrea: "Por mi parte tuve días como de tristeza o ansiedad, donde realmente no sabía qué iba a pasar. No estaba segura con qué nos íbamos a encontrar y siempre tenés esa sensación de temer por tu salud. Ante lo desconocido uno siempre tiene miedo o duda. Por suerte Germán estuvo siempre más calmo, je".

A la distancia, la calma y la tranquilidad también llega desde Wuhan, donde todo empezó: "Hablo todos los días con mi mamá y la cosa parece ir mejorando poco a poco. Desde el viernes dejan salir por dos horas a una persona por casa para hacer compras. Incluso, lejos de Wuhan, en otros distritos más alejados se están reabriendo los museos y cines. Los medios informan que bajaron los casos autóctonos", cuenta la patinadora.

Antes de cortar, tanto María Andrea como Germán vuelven a insistir. "Hay que seguir las indicaciones. Hay que quedarse en casa. Es la forma más efectiva que tenemos de combatir al coronavirus". Lo dicen precisamente ellos dos, que lo enfrentaron en la mismísima Wuhan, que lo sobrellevaron en un hospital militar en Ucrania y que cruzaron la caótica España para finalmente estar juntos y sanos en su hogar. Nadie sabe si finalmente será una película o un libro, lo seguro es que tuvo un final feliz.

Por Jorge O. Blanco
(En Twitter: @Jorge_O_Blanco)



 
 
 
LA HISTORIA DETRÁS DE LA HISTORIA:
SER PATINADORA SOBRE HIELO EN ARGENTINA

A María Andrea An le cambia un poco el tono de voz cuando habla del deporte que tanto ama. "Mis viejos son chinos pero yo nací en Argentina. De chiquita, un día después de cumplir nueve años, mi papá me llevó a patinar porque tenía un amigo, Sergio Rybnikov, que es patinador y entrenador. Fue en la pista My Way que estaba sobre Cabildo, en el barrio de Belgrano", arranca.

"El patinaje sobre hielo en el país es un grupo muy pequeño de personas, la FAHP (Federación Argentina de Patinaje sobre Hielo) hace poco que está. Casi no había competencias cuando empecé y a medida que crecí hubo más. La realidad es que acá no tenemos las condiciones para poder practicar el deporte y ser competitivos a nivel mundial u olímpico. Sólo hay pista de hielo olímpica en Ushuaia pero no tiene techo por lo que solo funciona en invierno. Las pistas de hielo que tenemos en Buenos Aires son muy chicas y tenemos que entrenar al mismo tiempo que seceden festejos de cumpleaños o junto el público en general", detalla.

Sin embargo, entusiasta, la estudiante de la UTN finaliza: "Actualmente pertenezco a AREPH, la escuela rusa. Mi entrenador sigue siendo Sergio Rybnikov. Es muy difícil practicarlo o conseguir sponsors. Yo tengo 25 años y hay muchas competencias en las que no puedo participar por edad, la mayoría son de 18 para abajo. Pero sigo para hacer crecer el deporte. Somos sólo tres chicas que estamos en la categoría más alta del patinaje y me gustaría seguir hasta donde pueda. Quiero que se sume más gente y también que se puedan construir pistas olímpicas para poder entrenar a mayor nivel". 




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